Alejado de la biografía tradicional de los grandes hombres, Manuel Rivero Rodríguez propone una mirada renovada sobre Felipe II. El llamado “rey prudente” no fue servidor de un Estado ni artífice de una nación, sino señor de un conjunto de territorios que podía adquirir, intercambiar o legar según la lógica dinástica del siglo XVI. En un mundo sin Estado moderno ni identidad nacional, regido por el patriarcado y la intransigencia religiosa, lo público y lo privado se confundían en la figura del monarca, cuyas decisiones respondían al interés de su linaje. Más allá de la leyenda negra y la hagiografía, este libro retrata a un rey complejo: religioso devoto pero coleccionista de desnudos de Tiziano; trabajador infatigable pero amante del refinamiento renacentista y el ocio cultivado; impenetrable y hermético, del que se decía que “de su risa al cuchillo no hay dos dedos”.
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