En esta novela gráfica infantil a todo color, la nave que patrulla el espacio es un gato gigante naranja y la tripulación es, literalmente, la más incompetente del universo. Al mando está el Capitán Cósmiquez, convencido de que ha nacido para salvar galaxias y coleccionar medallas, aunque la realidad es que se pasa el día jugando con muñecos de sí mismo y metiendo la pata a escala cósmica. Su misión es salvar el universo, pero lo que realmente dominan es liarla parda: bancos estrellados, templos antiguos convertidos en parques de atracciones y planetas que se desinflan como globos.
A su alrededor se mueve un equipo tan estrafalario como entrañable: una científica elástica que arregla las cosas a martillazos, un robot bocazas que presume de cerebro pero se guía por el estómago, un piloto felino que solo se entiende él mismo y villanos geométricos empeñados en dejar el cosmos plano como una tortita. Entre tapones galácticos, bombas absurdas, vampiros robóticos que beben planetas como batidos y museos de arte convertidos en campos de batalla, cada capítulo sube un poco más la apuesta del desastre. Y aun así, por pura casualidad (y algún que otro pedo de robot a tiempo), el universo sigue ahí.
Es una lectura ideal para peques a partir de 8 años que ya se atreven con lectura autónoma o que disfrutan escuchando historias locas en voz alta. El formato de cómic, las viñetas llenas de movimiento y los colores potentísimos funcionan especialmente bien con niños que se abruman con páginas llenas de texto, pero quieren historias con mundo propio y personajes recurrentes. Y si en casa tenéis a alguien que se sabe de memoria todos los chistes tontos sobre el espacio, aquí va a sentirse como en su propia galaxia.
