Dicen que Atenea nunca abandonó el Círculo de Bellas Artes aquella tarde. Desde la azotea observó cómo, casi tres mil años después, Odiseo volvía a entrar en Madrid.
No llegó en una nave de negros remos, ni cubierto por la sal de todos los mares. Llegó en forma de libros, de palabras, de preguntas y de una sala llena de lectores dispuestos a emprender un viaje. Porque eso fue Una tarde hacia Ítaca: no solo la presentación de dos miradas editoriales en torno a una misma historia, sino una travesía compartida entre Alianza Editorial y Kitaeru, dos sellos de Grupo Anaya unidos por una certeza común: los grandes relatos nunca se quedan en el pasado… regresan. Y cuando regresan, nos obligan a mirarnos de nuevo.
Dos “lecturas” de la Odisea de Homero
El Círculo de Bellas Artes de Madrid, lugar de referencia para la cultura y el pensamiento, se convirtió durante unas horas en una Ítaca posible. Más de 120 personas acudieron a escuchar una historia que todos creemos conocer y que, sin embargo, siempre guarda una nueva revelación. Porque la Odisea no habla solo de dioses, monstruos, naufragios y héroes. Habla también de lo que significa perderse, resistir, cambiar, recordar quiénes somos y encontrar el camino de vuelta.
Lectura de la Odisea clásica
La tarde comenzó con la voz de Carlos García Gual, una de las grandes referencias en el estudio de los clásicos y responsable de la edición de la Odisea publicada por Alianza Editorial. Su intervención fue el primer viento favorable de la travesía: una disertación rigurosa, luminosa, con decenas de referencias e inundada de sabiduría y, al mismo tiempo, llena de vida.
Carlos García Gual nos llevó al origen. Al texto. A Homero. A esa lengua antigua que, cuando se escucha en voz alta, parece venir de muy lejos y, sin embargo, toca algo inmediato. Incluso citó fragmentos en griego de la obra original, recordándonos que las palabras antiguas no han perdido su fuerza. Solo esperan a que alguien vuelva a pronunciarlas.
Y entonces Odiseo volvió a estar allí.
El hombre de los muchos caminos. El héroe astuto. El náufrago. El esposo que desea regresar. El padre ausente. El soldado que vuelve de la guerra. El viajero que ha sobrevivido a todo, pero que todavía debe enfrentarse a lo más difícil: volver a casa siendo otro.
Después, como en toda buena epopeya, el tono cambió.
La Mentalidad Odisea
Antonio Campos, o como él prefiere llamarse Ulises Campos Eliseos, tomó la palabra y la historia se llenó de humor. Su intervención, inspirada en su trabajo alrededor de la figura de Ulises, abrió otra puerta hacia el poema: la del juego, la ironía y la contemporaneidad. Porque también los clásicos pueden —y deben— mirarse desde la risa.
De pronto, los episodios de la Odisea dejaron de estar cubiertos por el mármol solemne de los siglos y aparecieron más vivos que nunca. Los monstruos, las tentaciones, los desvíos, las trampas del camino y las debilidades del héroe se volvieron reconocibles. Cercanas. Casi nuestras.
Quizá porque seguimos teniendo cíclopes que nos miran con un solo ojo.
Seguimos escuchando cantos de sirena que prometen atajos imposibles.
Seguimos encontrando islas cómodas de las que cuesta marcharse.
Y seguimos necesitando humor —mucho— para cruzar algunas tormentas.
La intervención de Antonio Campos fue divertida, inteligente, irreverente y sorprendente. Una prueba de que la épica no está reñida con la ligereza, y de que los clásicos resisten todas las lecturas cuando se los aborda con talento y respeto. Tanto fue así que el propio Carlos García Gual quiso destacar cuánto había disfrutado de aquella mirada distinta sobre el viaje de Ulises.
Pero toda travesía tiene un momento en el que el mar se vuelve más profundo.
Ese momento llegó con la conversación entre Pablo María Pineda, conocido en redes como @hijodecirce, y la Dra. Sam Akbar, autora de Mentalidad Odisea, publicado por Kitaeru. Si la primera parte de la tarde nos había devuelto al texto clásico, esta conversación nos llevó hacia dentro. Hacia ese territorio en el que la literatura deja de ser solo literatura y se convierte en espejo.
Porque Mentalidad Odisea parte de una intuición poderosa: el viaje de Odiseo no es únicamente una aventura exterior. Es también una cartografía emocional. Una forma de comprender cómo afrontamos el dolor, la incertidumbre, el trauma, el deseo de regresar y la necesidad de reconstruirnos.
Pablo condujo la conversación con una mirada precisa y profundamente conectada con el universo mítico. Las preguntas fueron abriendo distintas puertas del poema, y Sam Akbar fue respondiendo desde la psicología, desde su experiencia profesional y desde una sensibilidad que emocionó a la sala.
Telémaco y la indefensión aprendida
Se habló de Telémaco, que al comienzo de la Odisea espera ser rescatado por su padre sin asumir todavía su propio destino. Y desde ahí apareció una idea esencial del libro: la indefensión aprendida, esa pasividad que puede instalarse en nosotros cuando las cosas van mal durante demasiado tiempo. Como Telémaco, a veces esperamos que alguien regrese a poner orden en nuestra casa. Pero crecer implica comprender que el viaje también nos corresponde.
Penélope y la inteligencia
Se habló de Penélope, quizá una de las figuras más fascinantes de la obra. Penélope no tiene el poder de los héroes ni la libertad de los dioses. No puede salir al mar, no puede empuñar una espada, no puede detener por la fuerza a quienes invaden su casa. Pero teje y desteje. Gana tiempo. Resiste. Piensa. Y en ese gesto aparentemente silencioso hay una forma extraordinaria de inteligencia.
Penélope nos recuerda que, incluso cuando el margen de acción es pequeño, siempre puede existir una estrategia.
Ulises y la multiplicidad
Se habló también de Odiseo como polytropos, el hombre de muchos recursos, de muchas vueltas, de muchas formas. No hay un único Ulises. Hay muchos dentro del mismo hombre: el guerrero, el amante, el padre, el mentiroso, el náufrago, el líder, el vulnerable, el superviviente. Sam Akbar vinculó esta multiplicidad con nuestra propia vida interior, con las distintas partes que nos habitan y que no siempre sabemos escuchar.
Quizá por eso Odiseo sigue siendo tan contemporáneo. Porque ninguno de nosotros es una sola cosa.
Somos lo que mostramos y lo que escondemos. Lo que fuimos y lo que intentamos ser. La parte que resiste, la que duda, la que desea quedarse en una isla cómoda y la que sabe que debe seguir navegando.
Odisea y la masculinidad
Uno de los momentos más emocionantes llegó al hablar de la masculinidad en la Odisea. Antes de ver al gran héroe en acción, Homero nos lo muestra llorando. Odiseo, el astuto, el fuerte, el legendario, aparece por primera vez atravesado por la tristeza.
Y ahí hay una enseñanza inmensa: la vulnerabilidad no niega la grandeza. La completa.
El héroe no es quien nunca se rompe, sino quien sigue buscando el camino incluso después de haberse roto.
Calipso y la inmortalidad
También se habló de Calipso y de esa isla en la que Odiseo recibe una oferta casi imposible de rechazar: placer, comodidad e inmortalidad. Y, sin embargo, él quiere volver. Prefiere una vida mortal, imperfecta y propia antes que una eternidad que no le pertenece. En Mentalidad Odisea, Sam Akbar trabaja esta idea como la “jaula de oro”: esos lugares, relaciones o formas de vida que parecen seguras desde fuera, pero que pueden alejarnos de quienes somos.
Porque no todo refugio es hogar. Y no toda comodidad es destino.
La conversación avanzó hacia una de las grandes preguntas de la tarde: ¿qué significa realmente volver a casa?
Volver a Ítaca
La Odisea es un nostos, un viaje de regreso. Pero Ítaca no es solo una isla. Ítaca es una identidad. Una pertenencia. Una brújula interior. A veces creemos que volver consiste en llegar al mismo lugar del que partimos. Pero ningún verdadero viaje permite eso. Quien regresa después de la guerra, del dolor, del exilio, de la pérdida o de una crisis profunda, nunca vuelve siendo exactamente el mismo.
Sam Akbar habló de ello desde su experiencia con personas traumatizadas y refugiadas, y la historia de Odiseo adquirió entonces una actualidad conmovedora. Porque regresar no siempre significa encontrar la casa intacta. A veces el hogar ha cambiado. A veces los demás ya no nos reconocen. A veces somos nosotros quienes no sabemos cómo habitar de nuevo aquello que tanto deseamos recuperar.
Por eso, la vuelta de Odiseo no termina cuando pisa Ítaca. Quizá empieza ahí.
Diálogo entre la literatura y la vida
La presentación fue, en conjunto, una alianza feliz entre dos sellos que supieron mirar una misma obra desde lugares complementarios. Alianza Editorial aportó la profundidad del clásico, la vigencia de Homero, la importancia de volver a leer los clásicos, como la Odisea con toda su riqueza literaria. Kitaeru aportó la lectura contemporánea, psicológica y vital de ese mismo viaje a través de Mentalidad Odisea.
Un diálogo entre tradición y presente, entre filología y psicología, entre literatura y vida. Una forma de recordar que los libros no existen aislados, sino que se iluminan unos a otros cuando los ponemos a conversar.
Al final de la tarde, cuando las preguntas se habían apagado y la sala seguía llena de comentarios, firmas y conversaciones, quedaba la sensación de que todos habíamos viajado un poco.
Hacia esa zona en la que los libros nos obligan a preguntarnos qué estamos buscando.
- Qué islas nos retienen.
- Qué monstruos evitamos nombrar.
- Qué sirenas nos distraen.
- Qué parte de nosotros sigue esperando volver a casa.
Dicen que la misma Atenea del Círculo de Bellas Artes, desde la azotea, continuó observando Madrid cuando terminó el encuentro. Quizá sonrió al comprobar que los viejos relatos siguen encontrando nuevas voces. Que Odiseo aún no ha dejado de navegar. Que Penélope todavía teje. Que Telémaco sigue aprendiendo a levantarse. Que Ítaca continúa esperándonos, aunque cada generación tenga que descubrir de nuevo qué significa llegar hasta ella.
Porque esa tarde no celebramos solo un libro: celebramos una historia que lleva casi tres mil años recordándonos que vivir también es atravesar mares inciertos.
Y que, por muchas tormentas que encontremos, siempre merece la pena seguir buscando el camino de vuelta.