Lejos de ser un desenlace inevitable, el ascenso de Hitler al poder fue el resultado de las acciones conscientes de unas élites políticas, económicas y militares que, cegadas por sus propios intereses, creyeron poder manipular al nazismo y plegarlo a su voluntad. No hubo fatalidad histórica ni procesos imparables: fueron decisiones concretas, tomadas por personas concretas, las que franquearon el camino al desastre. Von Papen, Hindenburg, Hugenberg o los industriales Krupp y Thyssen apostaron por una alianza peligrosa que terminó...
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