Quizá la belleza no pertenezca a nadie. Pero ¿qué pasa con los objetos que los museos han elevado al rango de grandes obras de arte y que son su orgullo? ¿Pertenecen al lugar donde nacieron, a la cultura cuyo genio encarnan, a quienes se los apropiaron, o a la humanidad entera, que solo accede a ellos a través de instituciones dedicadas a su conservación? Y si es lo último, ¿cómo justificar que solo algunos puedan disfrutar de este patrimonio universal? Bénédicte Savoy nos propone empezar por el principio: seguir el rastro concreto de esos objetos, preguntándose cómo llegaron hasta nosotros y qué revelan sus trayectos sobre nuestra historia. Del busto de Nefertiti al retrato de Adele Bloch-Bauer de Klimt, pasando por el altar de Pérgamo, la Madonna Sixtina o los tesoros reales de Benín. ¿Quién se conmovió ante estas confiscaciones, cuándo y por qué? En las peripecias de estas obras emblemáticas se entrelazan historias sobre violencia, asimetrías, archivos, cine, memoria familiar, curiosidad científica, diplomacia y política internacional. Una lectura emocionante y placentera, este poderoso ensayo nos invita a participar en una de las grandes discusiones políticas y culturales de nuestro tiempo. Si estas piezas provocaron, allí donde llegaron, fecundaciones estéticas inesperadas, también abrieron, allí donde faltan, heridas aún vivas.
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