https://hablamosdelibros.es/producto/cuentos-26/314107CuentosClarín defiende un estilo natural en el que se conjuguen la lengua oral y la escrita. Por otra parte, el tratamiento de la naturaleza y las sensaciones, como las producidas por la música, acercan su obra a una nueva forma de escribir, a la sensibilidad de un modernismo incipiente que se aprecia en las sugerencias que brotan libremente de las palabras.https://hablamosdelibros.es/wp-content/uploads/2024/02/BS00327801-600x1000.jpg10.95instockLiteratura juvenilNovelas juveniles00.000https://hablamosdelibros.es/wp-content/uploads/2024/02/BS00327801-300x300.jpg1024431024471024919966610141810.950.000.002024-02-09T07:11:25+02:00
Cuentos
Clarín defiende un estilo natural en el que se conjuguen la lengua oral y la escrita. Por otra parte, el tratamiento de la naturaleza y las sensaciones, como las producidas por la música, acercan su obra a una nueva forma de escribir, a la sensibilidad de un modernismo incipiente que se aprecia en las sugerencias que brotan libremente de las palabras.
Clarín defiende un estilo natural en el que se conjuguen la lengua oral y la escrita. Por otra parte, el tratamiento de la naturaleza y las sensaciones, como las producidas por la música, acercan su obra a una nueva forma de escribir, a la sensibilidad de un modernismo incipiente que se aprecia en las sugerencias que brotan libremente de las palabras.
Nació el 25 de abril de 1852 en Zamora, En la casa se hablaba continuamente de Asturias y su madre, con cierta nostalgia, contaba relatos de aquella tierra de sus antepasados. Este ambiente influyó en gran medida en el espíritu del niño Leopoldo que desde siempre se sintió más asturiano que zamorano, aunque a lo largo de su vida conservó un cariño especial por las tierras que lo vieron nacer.
A los siete años entró a estudiar en el colegio de los jesuitas Desde el principio supo adaptarse a las normas y a la disciplina del centro de tal manera que a los pocos meses era considerado como un alumno modelo. Sus compañeros le conocían con el mote de «el Gobernador», por alusión a la profesión de su padre. Sus biógrafos aseguran que esta etapa estudiantil engendró en Leopoldo el sentimentalismo religioso y el principio de gran disciplina moral que fueron la base de su carácter. En este primer año escolar ganó una banda azul como premio y trofeo literario. La conservó toda su vida y se encontraba entre los objetos más queridos del museo familiar.
En el verano de 1859 toda la familia regresó a Asturias. Leopoldo descubrió con sus propios ojos la geografía asturiana de la que tanto había oído hablar a su madre. Durante los años siguientes Leopoldo se encuentra en libertad por las tierras de Guimarán, propiedad de su padre, donde aprenderá directamente de la Naturaleza y de los libros que encuentra en la vieja biblioteca familiar, donde entra en contacto por primera vez con dos autores que serán sus maestros: Cervantes y Fray Luis de León.
El 4 de octubre de 1863, a la edad de once años, Leopoldo ingresa en la Universidad de Oviedo en lo que se llamaban «estudios preparatorios», matriculándose en las asignaturas de Latín, Aritmética y Doctrina Cristiana. El curso lo terminó con la nota de sobresaliente y con la adquisición de tres buenos amigos: Armando Palacio Valdés, Tomás Tuero (que fue también escritor, traductor y crítico literario) y Pío Rubín (escritor).
Envía a los periódicos de «El Imparcial» y «Madrid Cómico» sus «Paliques» satíricos y mordaces que le proporcionarán algunos enemigos adicionales.
En 1881 se publicó el libro «Solos de Clarín», que recogió los artículos de crítica literaria. El prólogo es de Echegaray. A los 31 años de edad escribe Clarín su obra maestra «La Regenta». En 1886 se edita su primer libro de cuentos con el título de «Pipá». En 1889 termina un ensayo biográfico sobre Galdós, dentro de una serie titulada «Celebridades españolas contemporáneas». A finales de junio de 1891, el editor Fernando Fe saca a la luz la segunda novela larga de Clarín: «Su único hijo».
En 1892 Clarín pasa por una crisis de personalidad y religiosa en que, según sus palabras, trata de encontrar a su yo y a Dios. Poco después dejó reflejar dicha crisis en su cuento «Cambio de Luz», cuyo protagonista Jorge Arial representa al autor y sus preocupaciones, sus dudas religiosas y su escepticismo filosófico. Clarín define a este personaje como «místico vergonzante».
El 13 de junio de 1901, a las siete de la mañana, murió Leopoldo Alas, a la edad de cuarenta y nueve años.
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