Como Wordsworth, Scott tuvo que crear el gusto
para su obra. Descubrió que no hay romance
como el romance de la vida real. Como escritor,
trató de reconciliar para el lector todas las variedades de la naturaleza humana, y la historia del arte le ha correspondido transformando “Ivanhoe” en novelas, óperas, musicales y películas que han mantenido inalterable el favor del público hacia una obra
que representa, en palabras de Heine, la corona nupcial del mundo de lectores.
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