Lo de aprobar el curso estaba a煤n por ver. Lo digo por el calor. Acostumbrado al fr铆o de Castilla y con un cuerpo como el m铆o, que es mantecoso y blanco como el de mi madre, lo de los cuarenta grados resultaba una crueldad. Hay que tener en cuenta que cuando llegamos en septiembre a Sevilla, en Valladolid estaba ya el invierno y, en cambio, aqu铆 hac铆a un calor pegajoso. Un calor pegajoso y dulce, de esos de uva fermentada, que engorda las moscas, las pone borrachas y acaban sigui茅ndote a todos sitios. Pesadas y torpes las moscas, igual que el d铆a aquel que les dio por venirse conmigo al instituto.
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