La vida de María Estuardo, reina católica de Escocia, decapitada brutalmente por orden de Isabel I de Inglaterra, acusada de traición, fue considerada como ejemplo único de constancia en su fe religiosa. Su trágica muerte, reina inocente y mártir, se erigió como un valiente manifiesto político, de denuncia y de afrenta, a favor de la fe cristiana y de la moral católica. La escritura de la “Corona trágica” se mueve incitada por circunstancias literarias, personales, históricas y no menos religiosas, en un continuo afán por parte de Lope de vincularse con las esferas del Poder (político y religioso), en busca de su protección y ayuda. Lope reelabora en un afán de conmover al lector y al mismo narrador realzando un caso ejemplar de inocencia e injusto castigo.
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